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OPINIÓN

26-06-2017

"Analisis de los cierres de lista", por Gustavo Ramírez


Los espacios están definidos. Hay jugadores de distinto peso que se mueven en terrenos barrosos. Es difícil elucubrar que moviliza a cada quién y cuales son lo ribetes finos de la conducción.

Cristina Fernández jugó para tener potestad sobre el armado de las listas. Dentro del PJ la derrota electoral del 2015 la condicionaba porque equiparaba la relación de fuerza y estaba obligada a negociar con sectores que no le sientan en comodidad.

Su protagonismo, parece, es indelegable. Lo cual no está mal si logra potenciar los votos propios y los que pueda sumar a lo largo de la campaña.

Por otro lado, Randazzo no sólo lanzó una candidatura, logró instalarse con proyecto propio de cara al 2019 más allá de la suerte que pueda correr en éste 2017. Quedó arrinconado por acuerdos previos que lo dejaron sin margen de maniobra para cerrar en una lista de unidad. Los retratos lo pintan como el malo de la película para una "militancia" presa en el fetichización de la ex presidenta.

Lo que embarga misterio es el posicionamiento de Scioli. El ex gobernador no termina de instalarse con preso propio en el escenario político. Su postura de no confrontar puede realzar su lealtad para con Néstor Kirchner y sus sucesores, pero lo aleja de su propia construcción.

Scioli fue candidato a presidente y a efectos prácticos, arrastró un importante caudal de votos. Claro que muchos podrán argumentar que parte de esos votos son prestados, dado que por ejemplo no mide más que Cristina. Sin embargo los sondeos previos al cierre de lista lo ponían como pieza importante en el armado final. Una vez más queda relegado y casi aislado.

Taina fue toda una sorpresa o no. Sobre todo si uno se logra desprender de la fratricida verborragia interna. Mientras un cúmulo de devotos estridentes miraron al Movimiento Evita como una totalidad de la "traición" por simpatizar con el randacismo, la dirigencia negociaba. Porque negociar también es parte de la política. De la misma manera que los son las diferencias internas que pueden conducir a la unidad.

Un párrafo aparte merece el rol del Movimiento Obrero. Es destacable que el campo político comience a comprender que no se puede prescindir de los trabajadores organizados para construir y hacer política. Ya habrá tiempo para profundizar en el análisis.

Más allá de gustos personales la "oposición" al gobierno tiene que lograr abroquelarse en las urnas para propiciar una derrota contundente del gobierno. Es lo que urge como necesario.

Gustavo Ramírez, Radio Gráfica

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