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ENTREVISTAS

06-08-2017

Julio Chávez: “Trabajar con Suar me sacó timidez, me dio confianza y seguridad con la gente”


Protagoniza el film El pampero y la obra Un rato con él, junto a Adrián Suar. Graba doce horas por día y entrena danza para la serie El maestro. Es un apasionado docente de actuación. Mi vida es así, tengo esa naturaleza. A veces me agota, quisiera un tiempo para mí, pero no molesto a nadie, reflexiona.

Por Javier Firpo
​jfirpo@larazon.com.ar

Julio Chávez es un amante de su ser, de su mundo, de su soledad. Se disfruta horrores -valga la figura-. Es un animal de trabajo, casi toda su libido la vuelca allí, en su faena: se levanta todos los días a las seis, graba doce horas, luego da clases de actuación, que le apasionan, tiene funciones de teatro en una obra que la rompe y es de las más taquilleras, y hasta acepta entrevistas para hablar de una película, pequeña, intimista, que acaba de estrenar. “No tengo tiempo ni para hacerme un huevo frito. No puedo tener un rato para mí. Pero son cosas que ocurren. Hago mucho de lo que amo mucho”, certifica el actor del film “El pampero”, la obra “Un rato con él” y la próxima serie “El maestro”.

Chávez casi se recuesta en un sillón del Hotel Meliá, en Recoleta, está a sus anchas, casi contradiciéndose así mismo. “Estos momentos son tan esporádicos”, parece anhelar.

¿Por qué no disfrutás más?

Disfruto así, como disfruta un angustiado crónico (sonríe su ocurrencia).

Con que te entiendas vos…

Ya es mucho vivir conmigo, imaginate. Pero soy así, tengo esa constitución natural. Si bien me encantaría tener un poco de espacio para mí, sé que este ritmo es sólo un lapso. Pero ojo, no me interesa estar tirado en una lona mirando el mar. A los quince minutos me quiero subir al micro.

Y cuando te hacés de un rato para vos, ¿qué te da placer?

Veo teatro, voy y saco entradas. Hace poco fui a ver “Sugar”, me encanta Griselda Siciliani y ya tengo mis tickets para ver a Baryshnikov, un maestro mundial de la danza, que disfruto mucho. Tuve la suerte de verlo cuando estuvo en el Colón bailando canciones de Frank Sinatra.

¿Y cómo sos como espectador?

Me involucro mucho, no puedo hacerme el otario. Veo la problemática que hay en escena y me pongo a discutir conmigo mismo.

¿Cómo es eso? Ya me parece raro…

Discuto lo que hace el otro pero con mis puntos de vista. Coincido o discrepo. Y ahí se produce un conflicto interno que me pone en aprietos. Soy un hombre que me dedico a esto, entonces no soy un espectador frío. Internalizo lo que veo en escena y quizás son las dos de la mañana y estoy en la cama pensando por qué el actor hizo esto si yo hubiera hecho aquello. Por supuesto que ese colega está tomando un vino y no se entera una mierda que a mí me tiene desvelado con insomnio…

No sos cualquier espectador…

Ser espectador es un viaje hermoso y yo soy uno que se entrevera al problema que se está presentando. Eso no me da más chapa, tiene que ver con una personalidad.

¿Te fuiste alguna vez de una sala?

No, de un teatro nunca. Pero no por los demás, sino por respeto a mí mismo. Del cine sí me he levantado, porque no es aquí y ahora. Yo saqué la entrada, me senté a ver la película que es un bodrio y capaz que el director está navegando en el Mediterráneo. ¿Y mi tiempo? En teatro es distinto, porque hay una persona allí arriba, en el escenario, que puede percibirlo…

¿Padeciste público intolerante?

Por suerte yo zafé de que me tiren cosas y hasta de que se me caguen de risa. El público argentino es dócil. El tema es que hay mucho esnobismo, en los críticos también, porque lo que para uno es mierda, para otro es caviar.

¿Estás sorprendido por cómo está funcionando “Un rato con él?

Reconozco que esta obra ha trascendido nuestras expectativas. Hay buena materia prima y tuvimos la suerte de que funciona. Es azaroso. Te puede salir bien como mal. Y encima con una obra coescrita por mí.

Con Suar mantienen una química que atraviesa la cuarta pared…

Es un tipo que respeto, admiro y con quien tengo una buena relación y eso no te das una idea lo maravilloso que es. Hacía tiempo que queríamos hacer algo juntos en teatro y no encontrábamos nada. Por lo que me mandé con un tema a ciegas y pegó…

Se te vio varias veces saliendo rápido tras la función y estar largo rato con la gente que te espera, admira y mima… Eso hace un tiempo no te hubiera ocurrido, erás más tímido e introvertido.

Soy un agradecido del apoyo de la gente, que con frío, espera… y en el marco de una cartelera tan competitiva como de primer nivel. Y, por supuesto, uno va cambiando, va sintiéndose menos temeroso, menos tímido…

¿Cuánto creés que tiene que ver Suar en ese cambio?

Claro que tiene que ver. Estoy más relajado en general y con la gente en particular. Estoy más confiado pero nunca desprevenido. Porque una cosa es confiar y otra desprevenirse…

¿Lo querés a Suar?

Es un hombre que aprecio, y con el que hemos hecho muchas cosas (“Tratame bien”, “El puntero”, “Farsantes”) y ahora en este viaje me llevo bien. Porque vos podés veranear con tu mejor amigo y pasarla como el culo… Lo puedo querer, adorar, pero no para más que para estar un rato. Pero Adrián no es el caso.

¿Con vos no aplica el “siadrianismo” hacia él?

Con Adrián puedo dialogar sin claudicar a mi punto de vista, lo que me permite trabajar, desarrollar mi oficio y mantener mi esencia. Pueden surgir ideológicamente diferencias, pero pactamos, negociamos. Con Adrián hay lealtad, hay palabra y hoy eso es algo sagrado. Pero él sabe que yo no me caso con nadie.

Decime algo de la serie “El maestro”, que se verá pronto por El Trece…

Que estoy enloquecido, que es algo distinto y para lo que me estoy preparando tomando clases de baile hace un año y medio. Me siento seguro y muy bien contenido por Raúl Candal, un grande del Colón.

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