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OPINIÓN

21-08-2017

Internismo autodestructivo, por Abel Rausch.


Quienes denostan al peronismo lo reducen a una maquinaria electoral que gana elecciones, sin embargo, sabemos que se trata de un movimiento tan complejo como heterogéneo; y que además puede perder elecciones.

En los últimos años, podemos encontrar constantes que nos plantean un panorama difícil en el corto y mediano plazo:

1- Los sectores ligados a la derecha lograron unificar criterios y presentar opciones electorales competitivas, repetidas pero enmascarada en un estética moderna, con discursos básicos pero convocantes sobre sectores medio-altos que en ocasiones penetran en los más humildes haciendo hincapié en la esperanza y lo aspiracional.

2- Los espacios políticos que afirman defender a sectores medios, trabajadores, populares y empresariado nacional comparten el diagnóstico (aceptado por la mayoría de la población) pero no logran una voz mayoritaria y unificada. Diferentes circunstancias que merecen un análisis detallado hicieron mella en la credibilidad del discurso público, y la cerrazón para interpretar a la ciudadanía nos presentan un panorama complejo de cara a 2019 ante la posible consolidación del proyecto neoliberal.

3- Parece evidente y reconocido por amplios sectores que el peronismo y las fuerzas populares necesitan lograr una síntesis, porque llegar divididos a 2019 garantiza una derrota. El debate posterior a las elecciones generales de Octubre será encontrar los caminos para religar fuerzas políticas que en soledad pueden revalidar su fuerza interna, pero serán incapaces de vencer la unidad lograda por la alianza neoliberal.

4- Hace tiempo, las estrategias de algunos sectores que rechazan la conducción de Cristina Kirchner se basan en la derrota electoral de la ex presidenta. Una concepción cercana a "cuanto peor, mejor" y no a la capacidad de construir mayorías ganadoras. Las estrategias basadas en derrotas solo adelantan derrotas peores. Quien derrota al derrotado termina siendo el derrotado mayor al final del camino.

5- El peronismo se dispone a dirimir batallas internas para luego perimir en las finales. Se trata de obtener victorias parciales que solo llevan a nuevas derrotas. Es necesario cambiar la lógica, sin dudas que la brutalidad del ajuste debería fijar prioridades en los dirigentes para el 2019: articular las diferentes expresiones que pujan por hegemonizar lo interno pero son minoritarios frente al conglomerado judicial, mediático, económico y corporativo que sostiene a Cambiemos.

6- Recuperar la confianza y la credibilidad del electorado en una propuesta de corte popular y reivindicatoria de los sectores más postergados necesita mucho más que señalar las injusticias y despojos que genera el neoliberalismo. Mientras intentamos mostrar las penurias de la realidad, Cambiemos vende esperanza y la aspiración a un individualismo exitoso, donde la intervención del Estado es sinónimo de debilidad personal y la presencia de la política es mala palabra.

7- Revertir ese discurso penetrante y consolidado dependerá de los principales dirigentes: La política, nuestra política, debe reflejar otra cosa que el individualismo que propone Cambiemos. Mejorar el mensaje y revertir errores es necesario, pero no será suficiente si la relación entre los dirigentes se basa en los mismos comportamientos que decimos criticar del "modelo Cambiemos".

8- La falta de credibilidad parece primar sobre los aspectos políticos e ideológicos, si bien son parte de lo mismo, ya que no podemos disociar la creencia de la ideología. Aunque suene "demodé" es necesario demostrar en los hechos que la política contiene su principal grandeza en lo colectivo y en la transformación del conjunto.

Abel Rausch
(Lic. Ciencia Política / Presidente PJ Luján)

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