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ENTREVISTAS

06-09-2017

Kevin Johansen: “Los tropezones de mi carrera me llevaron a ser simple y llano”


Con su disco "Mis Américas" su música se extendió a todo el continente y el sábado cierra su gira en el Gran Rex. A los 53, su carrera sigue creciendo y reconoce a su sinuoso camino como una clave para no perder el eje. "Nunca busqué pegarla, la música para mí es un destino más allá de la guita y la fama", afirma.

Santiago Puddington
spuddington@larazon.com.ar

“Hasta Luca Prodan hablaba de nosotros”. Mate en mano y con la mirada perdida entre los recuerdos, Kevin Johansen rememora aquellos años en los que fue un rockstar con Instrucción Cívica. Fue fugaz y como él mismo define fueron sus “15 segundos de fama”. El hit del grupo “Obediencia debida”, mismo nombre de su primer disco (1986), giró por todas partes e incluso llegaron a tocar en estadios en el exterior, pero todo terminó abruptamente dos años después con la disolución de la banda. “Estaba un poco verde, fue un tropezón que me sirvió mucho. Tuvimos recitales muy importantes, recuerdo una cancha llena en Lima y también en Arequipa y la gente que cantaba los temas. Me acuerdo incluso de estar de gira en Cipoletti (Río Negro) y compartir escenario con Sumo, David Lebón o Enanitos Verdes y cruzarme con varias bandas de la época, eso fue maravilloso”.

¿Qué aprendiste de esa etapa?

Para mí significó eso: grandes experiencias. También me sirvió para conocer al productor trucho, al impresentable y las tentaciones, el cóctel de las tentaciones.

Lo que siguió es conocido: experiencia en Estados Unidos, su vínculo con el dueño del CBGB’s (un mítico bar neoyorkino), la vuelta al país y el salto a la masividad con “Down with my baby”, el tema de la novela de Telefé “Resistiré”. Ahora, a los 53, se extendió a nivel continental con “Mis Américas”, su último disco que lo llevó a tocar en Perú, Chile, México, Colombia y hasta cruzar el océano con presentaciones en España e Inglaterra.

Ya no tiene que ir a golpear puertas con la guitarra colgada, y entonces Kevin recuerda su pasado y sonríe cuando le hablan de ego, o de agrandarse por el éxito. “Mirá, el final de Instrucción Cívica fue bravo, pero a la vez lo pude manejar porque el motivo mío no era la ambición de pegarla o ser masivo. Realmente venía de una cosa más pura. Me choca cuando a veces me dicen: ‘yo tenía una banda pero largué la música’. Uno no puede dejar la música, aunque no sea un profesional con una carrera. Siempre tuve algo muy visceral con la música que no tiene que ver con una carrera si no un destino, algo que no tiene que ver con la guita, la fama, las tentaciones. Yo no toqué por la guita o las minas, después si vienen buenísimo, pero no lo hice por eso. Ese tropezón fue el fin del principio porque seguí adelante, nunca dejé de componer. Además, siempre había alguien groso que me decía: “Seguí, dale para adelante”. Gente respetada como Lebón o Gieco.

La charla se interrumpe cuando Roy, su hijo más pequeño de dos años, pide otro capítulo de “Masha y el Oso” en la televisión. “Ya estoy saliendo de la etapa más difícil de la paternidad pero ayer se durmió a las 2 de la mañana”, admite y luego confiesa que la familia le tira: “Acoté mucho mis viajes, antes me iba feliz por tres semanas pero ahora extraño, cada vez los achico más. Otros se acostumbran, yo soy casero”.

Y en ese poco tiempo que estás afuera tenés que ganarte al público, como si empezaras de cero…

Yo tengo mucho pico y valle de exposición. Algunas veces un video hace ruido y otras las canciones tocan un nervio, como “Desde que te perdí”, que me lo piden en todos lados. De todos modos el show en vivo se volvió el lugar donde el público compra o no al artista. Si te creen y se emocionan en el recital, el resto no importa.

¿Qué es ser creíble?

Es muy raro. Lo hablé con productores y otras personas de la industria y ellos apuntan mucho a la magia del escenario y de mostrar algo inmaculado. Yo respeto eso, Bowie por ejemplo te pintaba una persona diferente y proponía un concepto que te lo comías como un cuento en cada disco y en cada recital. A mí lo que me pasa, por como me empezó a ir bien con la música después de los 30, es que hay un dejo de reírme de mí mismo y de disfrutar el show de otro modo. Si estuviste remando tantos años y te costó llenar un teatro como en mi caso, te reís de todo eso. Y yo rompo con el escenario, soy más llano y no me subo a ningún caballo. Mi acercamiento con la gente es más llano y lo hago sin que se pierda la propuesta del recital. Me hace ruido decir: “Soy un artista”, a mí me gusta conectar con la gente.

Este disco te consagró a nivel continental. ¿Esperabas tanto?

No, porque fue algo que se fue dando de manera natural. Era una especie de conclusión de algo que se gestó entre viajes y que desembocó en el disco. No busqué conquistar el continente, sino que en cada viaje fui sumando ritmos y canciones con la onda de esos países.

A lo largo de tu carrera viajaste mucho, viviste en Nueva York muchos años ¿por qué ganó Buenos Aires como lugar para vivir?

Es muy personal. Tuve diez años geniales en Nueva York y después tuve una hija y la madre tenía ganas de vivir con ella acá. Además, después de remar una década allá, yo ya estaba listo, a los 35, para salir con algo al ruedo y fue acá. Al mismo tiempo, uno va a donde lo invitan y por suerte hay muchos lugares para visitar en las giras, para mí es un milagro eso. Me acuerdo que el dueño del CBGB’s, me dijo: “No te veo haciendo estadios pero si hacés las cosas bien podés tocar en teatros para dos mil personas”. Yo siempre tuve esa conciencia de tratar de hacer las cosas bien.

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