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OPINIÓN

21-09-2017

"Día del Estudiante: Cuando ellos dan la lección", por Ana María Pardo


El 11 de setiembre fue el Día del Maestro y el 18 del Profesor, pero creo que hoy se incorpora la dignidad fresca de los estudiantes para darnos una lección de civismo responsable, haciendo
escuchar su voz desde los colegios públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ellos, los
estudiantes, con esta expresión valiente nos hacen pensar que no todo está perdido.

La dinámica natural del avance de los conocimientos en todas las áreas, con sus múltiples
posibilidades específicas y mucho más cuando se relacionan áreas distintas, sumado a la
vertiginosidad con que se producen e intercambian nuevos hallazgos por el uso de las tecnologías de la información, exige que los contenidos y métodos educativos sean sometidos a revisión permanente. Frente a este panorama, una propuesta de reforma no debería incomodar ni
sorprender, pero sí exige prestar atención a cuestiones básicas, tales como: qué se pretende
modificar en cuanto a los contenidos, porque esto marca lo valioso como haber cultural y para el bien común, y por lo tanto merece ser transmitido a las nuevas generaciones. Otro aspecto se
refiere al para qué se va a enseñar, porque se relaciona con las expectativas personales, familiares y sociales de una persona en continua formación, las que a su vez se conjugan con las perspectivas de país. La otra característica a observar es cómo se va a enseñar, porque de ello también dependen las posibilidades de desarrollo de las habilidades personales en el presente y también, el interés que se pueda despertar a partir de determinadas prácticas. El reconocimiento de la envergadura que toda propuesta de reforma educativa tiene sobre el presente, pero que a su vez impacta en el futuro mediato, es que nuestro país las considera políticas de estado, y como tal, exige consultas y búsquedas de consensos.

La arbitrariedad del proyecto de reforma, por lo inconsulto, es señalado hoy por los estudiantes a través de las tomas de los colegios y, aunque luego de las múltiples protestas el gobierno abra el diálogo, es muy probable que siga fiel a su estilo. Es decir que, seguramente el gobierno establecerá reuniones para cumplir el requisito exigido, en donde se expresarán sugerencias desde distintos sectores, pero no serán vinculantes. De manera que, muy lejos de buscar los consensos necesarios que una política de estado merece, sin una oposición responsable, la reforma tiene muchas posibilidades de ser aplicada.

La mentada Reforma tiene varias aristas cuestionables que deben analizarse en detalle, como la
reducción de la cursada del 5° año para realizar prácticas en empresas, con objetivos desde ya
mercantilistas y con métodos poco claros para que la experiencia resulte significativa para los
estudiantes. Como también, la generalización del método de enseñanza para cualquier tipo de
contenido, esto se remite al planteo de que el 30% de la clase debe ser la introducción al tema por parte del profesor y el 70% destinado a trabajo autónomo, cuando el docente es mucho más que un presentador. Asimismo, la burocratización que implicará la descripción en 5 tipos de
aprendizajes, aunque esos esfuerzos ya se vienen realizando, al menos redundará en una
evaluación en principio dudosa.

No obstante la gravedad de lo expuesto, que alcanzaría en otro momento para desarticular la
propuesta de reforma, es preciso señalar un aspecto que no se ha visualizado lo suficiente, por la ambigüedad de la redacción, pero que de dejarlo pasar, los/as niños, niñas y adolescentes serían rehenes de calificaciones al egresar del nivel primario para su ‘clasificación’ al ingreso al nivel secundario. Este solo dato anula el espíritu de la Ley de Educación Nacional 26.206, contundentemente expresado en su Art. 3.

Aparentemente se elaborará por cada niño/a una biografía o ‘perfil’ – dada las características del escrito sería más preciso este último término como vocabulario común en Recursos Humanos-
que sería utilizado por el ‘preceptor- tutor’ para elaborar un “Plan Personal de Trabajo”. Esta
directriz tiene como problema principal la estigmatización de los/as niños/as, en donde ni siquiera se nombra el requerimiento de un consentimiento informado. Por otra parte, desestima que la adolescencia es una etapa de la vida cuya característica principal es el cambio constante y dinámico y como tal, es propicia para potenciar o no, el desarrollo del pensamiento creativo y científico. Por lo tanto, una estimación rígida no contribuye con el proceso evolutivo integral –físico, psíquico y social- de la persona. Además, el principio rector que sostiene que la educación contribuye al ascenso social en donde la condición de origen no es determinante, queda relegado y toma protagonismo la clasificación para la exclusión.

Este ‘perfil’ incluye además del Desempeño en Áreas de Conocimiento, otras categorías de análisis como Habilidades Socioemocionales, Vínculo entre Pares y Adultos, Relación Familia- Escuela, entre otros. Esta evaluación se plantea con total desconocimiento sobre el alto nivel de subjetividad que implican esas variables, sobre las necesidades de capacitación específica que requerirían los docentes de nivel primario para hacer esta tarea y de los ‘preceptores-tutores’como receptores de la información. Además, el escrito no deja claras las razones que tiene el gobierno escolar para contar con información personal sensible, que de poseerla debería ser confidencial, como tampoco se entiende cuál sería el destino final de estos resultados, sobre todo cuando se trata de niños/as.

El proyecto de reforma educativa que se pretende implementar en la CABA, pomposamente
denominada “Secundaria del Futuro”, con muchas posibilidades de replicarse en las demás
jurisdicciones, no es otra cosa que la coronación del colonialismo disciplinante para generar mano de obra calificada y convenientemente preparada para servir a quienes ostentan el poder real, imperante desde siempre y hoy visibilizado como nunca, sin el más mínimo pudor.

REFERENCIAS

- Constitución Nacional de la República Argentina
- Ley de Educación Nacional 26.206/2006. (Art. 3: “La educación es una prioridad nacional y
se constituye en política de Estado para construir una sociedad justa, reafirmar a
soberanía e identidad nacional. Profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática,
respetar los derechos humanos y libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo
económico-social de la Nación”.)

 Ana María Pardo. Dra. en Gestión y Planificación de la Educación, Magister en Evaluación
Educacional, Licenciada en Educación y Licenciada en Creatividad Educativa. Docente e
Investigadora.

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