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ENTREVISTAS

02-11-2017

Felipe Pigna: "Moreno era el ídolo de Belgrano y San Martín"


A Mariano Moreno le bastaron siete meses como Secretario de Guerra y de Gobierno de la Primera Junta para alcanzar la categoría de "amado y odiado", esa balanza en la que suele pesarse la parte más conveniente de un hombre al que, sin importar el ojo con el que se decida mirarlo, nadie le niega sus convicciones. En "La vida por la patria" -uno de los libros más vendidos del año, Felipe Pigna vuelve sobre los pasos de uno de los políticos más controvertidos de la historia argentina para dilucidar algunos enigmas entorno a su figura.

Considerado como el ideólogo de la Revolución de Mayo, Moreno no sólo buscó el cambio administrativo sino que también fue autor de varias propuestas de gran impacto económico y social. A favor de la industria nacional y en defensa de los pueblos originarios y los derechos de los trabajadores. ¿Pero cuáles son los factores que lo llevaron a no ser recordado a la altura de otros grandes personajes como José de San Martín o Manuel Belgrano? "Hay mala predisposición en muchos historiadores. Una intencionalidad política en los recortes caprichosos. En muchas escuelas aún se habla de Saavedra como padre del federalismo y de Moreno al frente del unitarismo. Y es al revés. Pero ojo que también hay que ver qué Belgrano y qué San Martín son los recordados. No se hace base en el San Martín fundador de bibliotecas o en el Belgrano economista. Se habla del militar que cruzó Los Andes o del creador de la bandera", asegura el autor. Y agrega que todo cambia "cuando empezás a hablar del San Martín gobernante, que promovía la educación pública y promocionaba la industria nacional. O el Belgrano que decía que la agricultura o la industria eran la clave de este país. Que la ganadería estaba bien, pero que había que acompañar esta actividad tan importante con la agricultura y la industria. Ahí ya te miran distinto. Te dicen que estás politizando".

Periodista: ¿Esto de ser alabado y criticado, se resume en una visión entre conservadores y progresistas?

Felipe Pigna: Habría que ver qué tipo de progres. Hay debates dentro del progresismo porque es una persona mal leída. La representación de los hacendados dio lugar a que algunos sectores de la izquierda lo califiquen como pionero del libre cambio. Cuando en realidad no lo es. Había un cobro a las importaciones, pero él lo que quiere es fomentar la exportación. Hasta algunos siguen hablando de que quiso entregar la Isla Martín García a los ingleses cuando se sabe que eso es parte de un documento que hace poco tiempo se descubrió que era falso.

P.: Hablás del "Plan de Operaciones".

F.P.: Claro. Un hombre que no viene de la academia histórica, sino que es neurólogo, se apasionó con el tema y dio con un libro en francés llamado "El cementerio de la Magdalena", de donde se había plagiado este texto que se le quiso adjudicar a Moreno.

P.: ¿Con qué fin?

F.P.: Perjudicar a la revolución. Un documento que se dio a conocer en 1814, tres años después de su muerte. Una obra que lo ponía en el panteón de la izquierda. De los revolucionarios. Siempre a través de un debate de contenido heurístico porque se tomaba posición de acuerdo a si a algunos les gustaba que sea de Moreno, o no. Esto cierra una discusión que lo corre de esa acusación de si era terrorista cuando en el texto se hablaba de "verter ríos de sangre, cortar cabezas". El autor no hizo más que un copy paste. Se tomó el laburo de agregar otras cosas. En 1814, cuando Fernando VII vuelve al trono, había que encontrar un elemento provocador para decir "acá están, estos son los salvajes americanos a los que hay que combatir".

P.: El texto, sin embargo, contiene un patrón revolucionario que Bernardo de Monteagudo y San Martín tomaron como referencia a la hora de darle forma a esa idea de una Latinoamérica unida.

F.P.: Lo apócrifo no niega el carácter revolucionario del texto. Y el emparentamiento de un pensamiento moreniano con el de un Rousseau, Voltaire o Montesquieu, que son sus fuentes. Esto sumado a una política de Gobierno que es revolucionaria. Por ejemplo, lo que hace en el Alto Perú, cuando, junto Juan José Castelli, le pone fin a la inquisición o lo relacionado al reparto de las tierras. Eso es algo concreto y confirmado.

P.: Ese emparentamiento también se da justamente con Castelli, otro político al que se lo tildó de subversivo.

F.P.: Un jacobino. Castelli era del partido morenista. En la Junta estaban los que estaban con Moreno y los saavedristas, que tenían un líder muy poco politizado, un militar; un tipo con pocas luces que, luego de un error de Moreno, aprovecha su debilidad y lo obliga a renunciar. Algo que hasta Saavedra dice que no es conforme a derecho porque sabe que están haciendo algo ilegal, pero que se debe hacer.

P.: ¿Cuál fue el error de Moreno?

F.P.: A poco de producirse la revolución, se convoca a los diputados del interior a conformar un poder legislativo que redacte la Constitución. Algo que es lógico. Lo que hace el saavedrismo, de la mano de Deán Funes -el verdadero cerebro detrás de Saavedra- es hacer que esos diputados se incorporen a un poder legislativo para dejar en minoría al morenismo, quien había cometido el error de mandar a expediciones militares a dos de sus principales aliados: Belgrano y Castelli. Dos tipos con mucho peso. En esa lectura caprichosa se lo pone como que no quiere incorporar a los diputados del interior. Pero lo que no se aclara es que Moreno se refiere a que eso demorará la redacción de la Constitución, que es el verdadero objetivo de estos sectores autoritarios.

P.: Siempre se intenta ubicar a estos personajes en la actualidad, pero en este caso la contraposición sobre su figura está a la vista.

F.P.: Claro. No se los puede traer al presente. Yo no los miro desde el hoy sino que los ubico en ese momento. Si a alguien eso le trae alguna resonancia... es una decisión. En las redes sociales preguntan si era K o M.

P.: Y encima fundó La Gaceta, el primer diario. ¿Cuál fue su importancia?

F.P.: Es ridículo enojarse desde la actualidad. Hablamos de un tipo que es definido como demasiado honesto. Un defensor de la revolución que en el diario pone en práctica una sección llamada "Entradas y Salidas", donde se podía ver qué hacía la administración con los recursos públicos. Algo que se extraña. Además, como él sabía que el 90 por ciento de la población era analfabeta lo hacía leer en los cuarteles y en la iglesia. Como si fuera una escena filmada por Luis Buñuel: los curas leyendo a Rousseau en el púlpito.

P.: ¿Por qué crees que no tiene un día dedicado a su figura?

F.P.: Porque es incómodo. Pero tampoco lo tiene Belgrano. Lo que sí existe es el Día de la Bandera. Hay injusticias históricas. Está el Día del Periodista -por la salida de La Gaceta-, que es cuando los trabajadores reciben una torta, pero se habla de Rodolfo Walsh. Pero no de Moreno. Hay injusticias históricas y también un tribunal muy vinculado al mitrismo que resolvió estas efemérides y este panteón. Además, Moreno tiene la cuestión del perdedor. No tiene batallas. No es un militar.

P.: ¿Cuánto tenía San Martín de Moreno?

F.P.: Es un morenista. Se afilia a la Sociedad Patriótica, que no es otra cosa que el partido morenista. La Logia Lautaro es adicta a este movimiento que está representado por Monteagudo, que es el encargado de acercarle las ideas de Moreno a San Martín. Y será su primer ministro en el Perú. Esa admiración se ve cuando San Martín pone en práctica las ideas de Moreno en Mendoza.

P.: Hablás de que Belgrano y San Martín, los dos grandes héroes de la patria, tenían como referente a Moreno. En el plano futbolístico es como si Maradona y Messi tuvieran el mismo ídolo.

F.P.: Exactamente. Moreno es el ídolo de Belgrano y San Martín. Belgrano también se proclama morenista. Moreno tenía un gran impulso. Era imparable. Elucubraba y hacía. Se tornaba intolerable para sus contrincantes.

P.: Y vivió sólo 31 años.

F.P.: Porque no lo dejaron más. No entiendo cómo la historia oficial se niega a admitir que fue un asesinato. Cuando Moreno se embarca, Saavedra firma en la Junta un nuevo convenio de compra de armas con Aniceto Padilla, que era casi un agente inglés. Y en el artículo quinto de ese contrato dice: "En caso de que el doctor Moreno falleciese...". Una previsión excesiva que termina siendo real. A esto se le suma la prueba contundente de dos testimonios: el de Tomás Guido, que es acompañante; y el de su hermano Manuel Moreno. Ambos dejan en claro cómo el capitán le da una dosis excesiva de un medicamento para calmar los mareos.

P.: ¿Pudiste dar con la historia del capitán?

F.P.: Es inhallable. Se lo aparta de las rutas a Gran Bretaña sin motivo alguno. Dice Guido: "Saavedra firma con gusto el decreto de supresión de honores como si se tratase de una condena a muerte". Están las cartas de Saavedra a Chiclana que son terribles: "Nos sacamos de encima a este demonio del infierno", dice. No hay una prueba de una conspiración. Pero sí está claro quién se pone contento. Las palabras de Saavedra lo confirman: "Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego". Hay muchas otras maneras de elogiar a una persona.

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