Easy Responsive Tabs to Accordion

CULTURA

09-08-2018

Inés Estévez en La Plata: “Cantar tiene una bohemia encantadora”


Actriz, novelista, directora de teatro y, hace ya tres años, cantante: Inés Estévez sigue mostrando un talento que no conoce de fronteras al frente de su banda jazzera, con la que llegará al Teatro de Cámara de City Bell mañana, desde las 21.30, para adelantar “Nude”, su primer disco.

“Me sigue pareciendo raro dedicarme a esto de manera profesional”, afirma Estévez, de 53 años, en diálogo con EL DIA en la víspera de su visita a la Ciudad, la primera como solista, acompañada en esta aventura por los mágicos tres que componen Estevez&Magic3, Mariano Agustoni en piano, Ezequiel Dutil, de City Bell, en contrabajo, Javier Martínez Vallejos batería (quien no estará en La Plata): y esa sensación de extrañeza ante esta nueva carrera emprendida como una señora de las cinco décadas continúa a pesar de que lleva más de 50 shows con excelentes resultados, entradas agotadas en clubes de jazz y shows en importantes salas.

En estos tres años de cantante, la música ha ganado mucho terreno en la vida y la pasión de Inés, aunque ella no cree que una profesión desplace a otra. De hecho, este año la cotizada actriz estrenará “Acusada” en cines y ya estrenó, para la pantalla chica, la comentada “Edha”.

¿Qué encuentra Estévez en el mundo de la música que no encontraba en la actuación? “Son dos mundos distintos: la actuación tiene la protección de la ficción, la música tiene una desprotección, el que está parado frente al público sos vos, no un personaje; a la vez, el trabajo del actor me resulta de una exigencia muy grande, a veces son diez horas de grabación, requiere de tu cuerpo, de tu psiquis, de tu emocionalidad, y en cambio cantar tiene una bohemia encantadora, podés tomarte un vino, salir a cantar y compartir un momento hermoso con el público”, explica la intérprete de personajes y canciones que, desde los albores de su carrera, sabía y anunciaba “que me iba a dedicar a otras cosas: no sabía bien a qué, si me iba a salir bien o qué interés de los que tenía iba a poder plasmar”.

“Pero la música no estaba en los planes concretos”, acepta risueña, “como sí estaban la literatura (es autora de “La Gracia”, publicada en 2011) o la dirección de teatro”.

Aunque la música siempre estuvo en su vida, “fue inherente a mi crianza y a mi familia”, dice: con madre amante de la ópera, hermanos rockeros, hermana amante de la música de Brasil y un padre jazzero se reunía con un grupo de amigos a tocar jazz y la llevaba, Estévez tuvo una educación musical informal pero poderosa en la que sonaba de banda de sonidos de los asados Louis Armstrong.

En la casa de los Estévez no había TV (“yo creo que no había dinero para comprar un televisor”) pero “sí había un Winco y mucha música. Entonces el entretenimiento pasaba por ahí”, cuenta la artista. Y agrega que, de hecho, “los primeros trabajos en Buenos Aires estuvieron relacionados con la música: el primer premio que gané fue por un musical, la primera obra de teatro que hice fue un musical, fui la voz de una banda de funk, en épocas de hambre grabé jingles publicitarios...”

“La gente siempre me asoció con el canto... pero yo no. Lo tenía como algo a lo que había que dedicarse si uno tenía una formación académica”, cuenta quien “durante muchísimos años me dediqué a una sola cosa porque la diversificación no estaba bien vista. No te tomaban en serio si hacías más de una cosa, había mucho más prejuicio en general. Pero en el momento en que naturalmente, como consecuencia de la decisión de dejar de actuar, empecé a diversificarme, empecé a notar lo grato que me era no circunscribirme a una sola disciplina expresiva”.

Estévez aclara que eso es lo que le ocurre a ella, que mucha gente podrá llenar su corazón con un solo oficio y que “no es que hay que probar todo. Pero en la medida que seas llamado por una inclinación, un interés expresivo, es muy sano explorarlo, no quedarse con las ganas”.
La exploración de la música como una carrera comenzó para Estévez durante su relación con Javier Malosetti: “Javier coqueteaba con armar un dúo, cosa que yo desechaba”, cuenta, cuando la llamaron para que cantara en la presentación de un importante champán francés en Buenos Aires. Cuando le comentó a su pareja de entonces, armaron un trío “y salí a cantar en un evento para 1500 personas hablando a los gritos, comiendo bocaditos y tomando champán: fue un bautismo de fuego severo”, se ríe.

A partir de ahí nació el dúo de Malosetti y Estévez, que visitó la Ciudad en 2016: con dos ensayos “Javier me sacó a tocar en Boris”, el extinto club jazzero de Buenos Aires. Pero entonces, la separación: la artista y el músico siguieron caminos diferentes y Estévez se preguntó que sería del futuro de su carrera de cantante. Cuando lo charló con la banda, no dudaron: había que seguir.

A partir de allí, Inés construyó un repertorio marcado por su biografía, el swing que le gustaba a su padre, la bossa que le gustaba a su hermana, todos pasados por el tamiz del jazz: eso es lo que se escuchará mañana en City Bell y la música que conformará su primer disco, “Nude”, que lanzará en septiembre “un poco empujada por las circunstancias, no es algo que me propuse hacer conscientemente”, insiste: “La vida me fue llevando, y en este momento es mi mayor pasión”.

“Siento que estoy empezando una nueva profesión en un momento de la vida en el que en general la gente tiene las cosas resueltas y considera que está por terminar, no por empezar”, se confiesa la artista, quien de todos modos no pretende ser un ejemplo a seguir.

“No me siento un ejemplo de nada, porque mi vida personal es muy atípica, no se rige por las generales de la ley, no cumplí los pasos que cumple la gente habitualmente, no me recibí a los 20, me casé a los 23...”. ¿Una vida a contramano? Ella no está de acuerdo: “No, una vida en mi propio sentido, no en el sentido que indica el manual sino en el sentido que la vida me fue indicando”.

Untitled Document