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INTERNACIONALES

03-09-2018

Europa sigue sin saber qué hacer con la crisis migratoria


Hace tres años, el 4 de septiembre de 2015, Angela Merkel fue aplaudida por haber abierto las fronteras de Alemania a decenas de miles de refugiados que llegaron de Oriente Próximo a través de los Balcanes.

Hoy, las imágenes de ultraderechistas xenófobos que desfilan por las calles de Chemnitz haciendo el saludo hitleriano se destacan en las tapas de los diarios.

Un contraste que ilustra el enorme cambio que experimenta toda Europa, más allá de Alemania, con la “crisis de los refugiados” que desde 2015 llevó a más de tres millones de ellos a encontrar un destino en la Unión Europea (UE).

Entre todas las crisis que sufrió Europa, desde la del euro hasta Ucrania, “ésta es la más grave” y “no está resuelta”, opinaba el politólogo búlgaro Ivan Krastev en una reciente entrevista para el diario Die Welt.

“Provoca un conflicto enorme entre Europa del Oeste y del Este” y genera “un giro conservador en Europa” con tendencias hacia el nacionalismo en una atmósfera de “pánico demográfico”, explicó.

Reino Unido se dispone a abandonar la UE a raíz de un referéndum muy marcado por el tema migratorio. Italia ha elegido al primer gobierno populista de Europa Occidental. En todos los países los movimientos anti inmigración van viento en popa, y la posición de Merkel parece muy frágil.

TRUMP ECHA LEÑA AL FUEGO

Y el presidente estadounidense, Donald Trump, echa leña al fuego. “¡Fue un gran error en toda Europa dejar entrar a millones de personas que cambiaron tan fuerte y violentamente su cultura!”, tuiteó en junio, acusando a Alemania en primer lugar. “No queremos que lo que está ocurriendo por la migración en Europa ocurra con nosotros”, escribió inmediatamente después.

Cabe recordar que, en nombre de la política de “tolerancia cero” a la inmigración ilegal pregonada por Trump para cumplir con sus promesas electorales antes de los comicios de mitad de mandato de noviembre próximo, niños migrantes fueron separados de sus familias en la frontera entre EE UU y México, a menudo tras haber escapado a la violencia en América Central.

El asunto migratorio “ha convertido a Angela Merkel en un monstruo para una parte de los alemanes y casi le costó el puesto”, analiza el periódico Süddeutsche Zeitung.

La canciller afirma que no lamenta la decisión que tomó el 4 de septiembre de 2015 por motivos humanitarios, ya que muchos solicitantes de asilo de entonces huían de la guerra en Siria.

“Vamos a lograrlo”, prometió en ese momento a los alemanes. Una frase de la que se ha distanciado desde entonces.

Como en muchos otros países, la canciller ha endurecido claramente su política migratoria en los últimos tres años. Tras la llegada de un millón de solicitantes de asilo en la primera economía europea en 2015 y 2016, el número será probablemente inferior a los 200.000 este año.

Una tendencia que se puede ver en toda la UE, donde el año pasado el número total de solicitantes de asilo bajó hasta unos 650.000.

A pesar de todo, la integración de los demandantes de asilo a través del trabajo ha dado también casos exitosos en Alemania, gracias a una economía próspera.

PREOCUPANTE BROTE XENÓFOBO

Pero una parte de la opinión pública acusa a los solicitantes de asilo de ser responsables de un aumento de la inseguridad. Desde el asesinato hace una semana de un alemán de 35 años en Chemnitz, cuyo principal sospechoso es un demandante de asilo iraquí, la extrema derecha alemana se moviliza en las calles contra los extranjeros.

El domingo pasado, militantes neonazis participaron en “persecuciones colectivas” contra inmigrantes en Chemnitz, y esos violentos actos se repitieron el lunes pasado en otra manifestación en la misma ciudad, en la que participaron unas 6.000 personas y en la que varios manifestantes hicieron el saludo nazi.

Al menos 20 personas, entre ellas dos policías, resultaron heridas en esa misma ciudad el lunes durante choques entre manifestantes ultraderechistas y contramanifestantes de la izquierda radical.

Merkel criticó con dureza este brote xenófobo y recordó que “el odio en la calle” no cabe en Alemania.

“Sin duda, la historia no se repite dos veces, pero cuando multitudes excitadas de extrema derecha generan agitación en Alemania y el Estado de derecho se ve sobrepasado por los hechos, esto recuerda un poco la situación de la República de Weimar”, apuntó el diario Der Spiegel en su página web.

Este semanario alemán se refería al régimen político establecido en Alemania tras la Primera Guerra Mundial y que tuvo que afrontar los actos violentos del nazismo en la calle antes de sucumbir con la toma del poder de Adolf Hitler en 1933.

El 4 de septiembre de 2015, Merkel fue aplaudida por haber abierto las fronteras a miles de refugiados



El contexto actual es mucho menos crítico que la situación en la Alemania del intervalo entre las dos guerras, pero los recientes episodios de violencia callejera neonazi generaron una gran inquietud en la opinión pública alemana.

“Cuando el Estado abdica”, afirmó indignado el diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ). “Caos en Chemnitz”, aseguró el diario Handelsblatt, quien consideró que “el Estado de derecho está fuera de servicio”.

“La cuestión de la inmigración sigue siendo el mayor reto” de Europa, considera Stefen Lehne, profesor de la Fundación Carnegie Europe.

“Aunque disminuya el número de llegadas, la histeria crece en un contexto en que los movimientos populistas y también un creciente número de gobiernos más tradicionales se alimentan de sentimientos ‘antimigrantes’”. Una tendencia que quedará probablemente de manifiesto en las urnas durante las elecciones europeas del próximo año.

El historiador británico Niall Ferguson se muestra aún más pesimista. “Lejos de llevar a una unión, la crisis migratoria de Europa lleva a una escisión”, ya que cada Estado va por su cuenta, asegura en un análisis.

“Creo que, cada vez más, los historiadores verán el tema migratorio como el disolvente fatal de la Unión Europea” y el “Brexit como un primer síntoma” de esa situación.

Una opinión que no comparte Stefan Lehne. Desde su punto de vista, el debate actual “podría actuar como un catalizador hacia un cambio positivo” al permitir “aclarar” la situación y preparar el futuro. (AFP)

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